Para el/la
narcisista obtener su próxima "pareja íntimo" (fuente de suplemento
secundario y proveedor de servicio), el/la narcisista desfila a su "niño/niña
interior": herido, el lloroso, torturado, el verdadero YO. El narcisista
masculino insiste en los instintos maternales de su presa y la narcisista
femenina provoca los impulsos protectores paternos de su víctima.
Pero, ¿no es ese
despliegue de vulnerabilidad y dolor una admisión de imperfección y el
debilitamiento de la grandiosidad y fantasías infladas del narcisista?.
No hay imperfección
involucrada. El narcisista creció siendo un niño víctima. Este niño es ahora un
fósil. Un viejo noticiero de antes de la época de la apoteosis del narcisista. Habiéndose
convertido en una divinidad, el narcisista simplemente relata el tiempo que él
o ella había sido un simple mortal.
Los interlocutores
del narcisista malinterpretan lo que él o ella dice que quiere decir que el narcisista
TODAVÍA es un niño roto y vulnerable que necesita amor y protección materna o
paterna, no es que haya sido solo una vez. Y esta mala interpretación les
cuesta caro.

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