sábado, 1 de febrero de 2020

LA VÍCTIMA

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Llamarnos a nosotros mismos víctimas, no es caer en victimismo y tirarnos a la depresión esperando que un milagro llegue y nos salve de esta pesadilla, si cayéramos en esa circunstancia es vientonces estaríamos en el peligro de caer el próximo hoovering que nos haga el narcisista para llevarnos a su oscuridad una vez más. 

Llamarnos víctimas es una palabra que puede sonar como desposeído, desempoderado, que no somos protagonistas de nuestra historia, que vino alguien más y nos transformó en un zombie en su zombie y que no elegimos nada de lo sucedido.

Por un lado es un poco así pero por otro lado nosotros como personas empáticas no concebimos posible que exista este nivel de maldad, que una persona se despierte todos los días pensando en que putada te hará hoy para alterar tu percepción, para devaluarte, como te hará sentir hoy impotente, como te va  a explotar hoy y como o hará mañana, pensar en ello suena de locos, pero es la realidad, es lo que ellos hacen. 

Así que llamarte víctima no es más que un acto de liberación personal, un acto hacia tu libertad psíquica, un bálsamo de amor propio en donde a partir de aquí es donde poder retomar las riendas de tu historia personal, primero perdonándote a vos misma porque no elegiste esto, te han inducido a un error fatal, has sido conducido al abismo con la venda del amor, con la venda que ellos te han puesto para que te distraigas y no puedas ver la realidad, esa venda es su gaslighting, esa venda puede ser que te haya elevado a su objeto de amor, esa venda puede ser que te haya elevado a su salvación, a su lugarteniente. 

Llamarnos víctimas hace que nos tengamos autocompasión a nosotros mismos, y podamos emprender el camino a la sanación, ya que nos permite reconocer las emociones que nos pasan como la ira, la rabia, la impotencia y sentirlas  y permitirnos llorar y zapatear, pero luego vamos a sanar en la medida que nos tratemos, en la medida que no intentemos acallar esto sucedido solo como una mala experiencia y que no nos permitamos este paréntesis necesario para sanarnos y comprender que fue lo que sucedió realmente,, quien era quien en esta historia, que no éramos los malos ni los culpables sino solo éramos la víctima de un depredador psíquico.

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