Llamarnos
a nosotros mismos víctimas, no es caer en victimismo y tirarnos a la depresión
esperando que un milagro llegue y nos salve de esta pesadilla, si cayéramos en esa
circunstancia es vientonces estaríamos en el peligro de caer el próximo hoovering
que nos haga el narcisista para llevarnos a su oscuridad una vez más.
Llamarnos
víctimas es una palabra que puede sonar como desposeído, desempoderado, que no
somos protagonistas de nuestra historia, que vino alguien más y nos transformó
en un zombie en su zombie y que no elegimos nada de lo sucedido.
Por
un lado es un poco así pero por otro lado nosotros como personas empáticas no
concebimos posible que exista este nivel de maldad, que una persona se despierte
todos los días pensando en que putada te hará hoy para alterar tu percepción,
para devaluarte, como te hará sentir hoy impotente, como te va a explotar hoy y como o hará mañana, pensar
en ello suena de locos, pero es la realidad, es lo que ellos hacen.
Así
que llamarte víctima no es más que un acto de liberación personal, un acto
hacia tu libertad psíquica, un bálsamo de amor propio en donde a partir de aquí
es donde poder retomar las riendas de tu historia personal, primero
perdonándote a vos misma porque no elegiste esto, te han inducido a un error
fatal, has sido conducido al abismo con la venda del amor, con la venda que
ellos te han puesto para que te distraigas y no puedas ver la realidad, esa
venda es su gaslighting, esa venda puede ser que te haya elevado a su objeto de
amor, esa venda puede ser que te haya elevado a su salvación, a su
lugarteniente.
Llamarnos
víctimas hace que nos tengamos autocompasión a nosotros mismos, y podamos emprender
el camino a la sanación, ya que nos permite reconocer las emociones que nos
pasan como la ira, la rabia, la impotencia y sentirlas y permitirnos llorar y zapatear, pero luego
vamos a sanar en la medida que nos tratemos, en la medida que no intentemos
acallar esto sucedido solo como una mala experiencia y que no nos permitamos
este paréntesis necesario para sanarnos y comprender que fue lo que sucedió
realmente,, quien era quien en esta historia, que no éramos los malos ni los
culpables sino solo éramos la víctima de un depredador psíquico.

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